ʆʊɳɋɫɨɔɵʂ

martes, 31 de mayo de 2016

Mi hogar no es un castillo de cristal

Siempre me has dicho que la vida es una gran paradoja, el sinsentido con mayor significado de todos los tiempos. Tiene mil caras y cada uno tiene una visión de ella. Se la quiere más, se la quiere menos. Tiene mas valor para algunos, menos para otros. Para algunos un lugar hostil, para otros un simple tránsito, para unos cuantos un melodrama.  No es algo tangible, no es algo definido. Es un algo, es un todo. Es un mundo, es una persona, es un árbol, es un pensamiento, es el universo.
¿Es lo que te hace respirar? ¿Es el impulso que hizo surgir todo?  No importa lo que piense ni importa lo que sea realmente. Estamos aquí por la razón que sea. El mundo es enorme y yo sé lo que todos buscamos. Nuestro hogar. Nuestro hogar no es nuestra casa. No es la ciudad que conoces, donde está tu familia o tus amigos, no son las calles que de memoria sabes. Es donde está tu alma, donde eres feliz realmente, donde te quedarías la eternidad. Pueden ser los brazos de otro, un libro, una cama, tu mascota, un lugar, un trabajo, una playa o un bosque perdido en Rumanía. ¿Sabes mi mayor tempor? No encontrar un hogar. No ser el hogar de nadie.

Sabes que siempre he sido extraña, que he cometido errores, que siempre he sentido que no pertenecía a este lugar, pero nunca lo he sentido con tanta certeza como esta noche. He paseado por las calles que tantísimas veces he recorrido. He trazado líneas ya trazadas, he tarareado letras ya tan conocidas. Y sí, me he dado cuenta. Ya nada será igual y me asusta. He levantado demasiados muros y destrozado demasiados castillos de cristal. Esta ciudad empieza a formar parte de mi pasado. La recorro y ya la recorro con nostalgia.

No se a donde ir ni  a quien acudir. No se ni siquiera si merezco algún consuelo. Quizá lo que tenga que hacer y merezca, es curar yo sola mis propias heridas. Así y solo así.

 

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