ʆʊɳɋɫɨɔɵʂ

viernes, 15 de enero de 2016

Always (1946-∞)

Se tiene el concepto de que los comienzos son alegres y los finales tristes. Pero en mi opinión, es totalmente al revés. Los comienzos son duros, conllevan sacrificio. Empezar algo nuevo significa enfrentarte a lo desconocido, poner la primera piedra, con esfuerzo, la primera de muchas. Es llevar la vista al cielo y solo ver las escaleras que aun tienes que subir, porque tus pies están aun en el primer escalón.

Los comienzos nunca han sido alegres para mí. Comenzar el colegio, comenzar el instituto, comenzar la universidad, comenzar en un trabajo... Son cosas que no me arrepiento de haber hecho, pero recuerdo el miedo, el dolor y el cansancio que trajo consigo empezarlas. No son recuerdos alegres. Son recuerdos grises, escuálidos.

¿Y los finales? ¿Por que han sido tan aborrecidos, tan maltratados y deformados hasta tal punto que los vemos como algo horrible a evitar?
Llegar a un final significa llegar al final de un camino. Finalizar un recorrido. Llegar. Has sobrevivido para llegar. Es la meta, has terminado, el trabajo está hecho. A mi me parece un concepto bonito. Llegar a ver el final de una película no es triste o molesto. Has vivido una historia hasta su desenlace. Terminar una carrera. Terminar un cuadro. Terminar un libro. El final. El toque maestro. Un final no es algo triste. Un final significa que has estado, has cumplido y has triunfado. Has sido capaz de llegar. Y eso es un éxito que se debe celebrar y recordar siempre.


No hay comentarios:

Publicar un comentario