ʆʊɳɋɫɨɔɵʂ

viernes, 1 de agosto de 2014

Memorias con Christian II: La ciudad estrella

El viento me azotó el rostro nada más salir, me rodeó y me envolvió en un torbellino de sensaciones. Frío.
Mi pelo se revolvía sin control. Caminé un poco más fuera. Los pasos de mis botas resonaban en el suelo de hormigón. Podía notar el frío que emanaba de él. 
Un montón de sonidos llegaron a mis oídos, el monótono tráfico, miles de voces que se juntaban en un solo murmullo, música muy débil proveniente de algún lugar, el viento que me susurraba en los oídos... todo formando una relajante sonata artificial que se perdía como el humo. 
Abrí los ojos por primera vez desde que entré en el edificio. 
Una masa de intensos colores, carmesí, negro, azul, amarillo, rojo, se revolvía y poco a poco se perfiló ante mis ojos. La línea se definía dibujando cientos de edificios a mis pies, mas allá, hasta el horizonte. El sol crepuscular bañaba la escena. Estaba en ese momento exacto en el que el día está dando paso a la noche, pero aún no quería retirarse del todo, y deja una línea roja en el horizonte. Esto contrastaba con el panorama de luz azul que bañaba la ciudad. Un imponente edificio se alzaba sobre todos, más a la izquierda otro destacaba también. Imponentes. Como enormes gigantes de hormigón orgullosos y firmes, perfilando el perfil de una ciudad legendaria, una ciudad que ha cautivado el corazón y el alma de miles de personas a pesar de ser una creación artificial, una creación hecha por el hombre que destilaba humo y polución por los cuatro costados. Pero era hermosa.
La sensación que transmitía era de tremenda inmensidad. Inmenso. Una inmensidad que conmovía el alma, la estrechaba y la emocionaba profundamente. Era tan increíble estar allí arriba, lo mas alto que había estado nunca, y ver todas esas calles, todos esos coches, miles de personas, miles de vidas... era algo tan grande que sencillamente escapaba de mi percepción.
Me acerqué más al borde. Unas láminas de cristal me separaban del vacío. La altura era enorme. El vértigo que sentí al asomarme ligeramente hacia abajo me hizo marearme. Di vueltas mirando a todos lados. Central Park... el Empire State, el Chrysler...el Puente de Brooklyn, todo estaba allí y sin embargo parecía tan irreal, tan sacado de un cuadro pintado allí para mi.... Y sin embargo era real. Era tan bello que dolía. 
Saque mi cámara. Esta no podría captar el momento de la manera que yo lo vivía ahora pero podría guardar una réplica, una copia de esa visión para recordarla con nostalgia y una punzada de tristeza en años venideros... así es el ser humano, guarda recuerdos encerrados en imágenes para poder contemplarlas y echarlas de menos.

Christian se acercó por detrás. No dijo nada, pero estaba segura de que él sabía del impacto que me había producido aquel lugar. Simplemente me abrazó por detrás, me estrechó con fuerza y su cálido contacto me reconfortó enormemente. Dejé caer la cabeza en su hombro sin dejar de mirar a mi alrededor. No quería cerrar los ojos ni un momento. No quería perder ni un detalle de lo que estaba viendo. Quería ver como el sol se ocultaba... quería ver como la ciudad se despedía del astro y daba la bienvenida a su amada luna, y ver como se encendía para ella. Fue un espectáculo emocionante. Poco a poco, el sol se puso, y bañó la ciudad con luz rojo sangre, después violeta, y después, azul.
Las luces comenzaron a encenderse. El Empire State se iluminó, y cientos de edificios le siguieron. 
Era un espectáculo magnifico. No se cuanto tiempo estuvimos allí así, pero se me hicieron los minutos mas bellos de mi vida y me pregunté si las personas que allí vivían apreciaban la hermosa ciudad que tenían, que les ofrecía cada día imágenes tan bellas. Lo único que lamentaba era no poder ver ni una estrella. Ni una, la luz de la ciudad propia impedía ver cualquier otra. Era, por así decirlo, una estrella en sí.

Finalmente, cuando la luna ya bañaba con su tenue resplandor la ciudad, decidimos irnos. Me costó tantísimo despegar los pies del suelo para darme la vuelta que me dolieron. Pero antes de irme quería hacer una cosa. Le tiré de la mano a Christian para que se volviese. Le agradecí dedicándole la mejor de mis sonrisas que me hubiese llevado allí y yo raras veces sonreía de esa forma tan sincera. Él le sonrío también pero no dijo nada. La expresión de ternura en sus ojos hablaba por sí sola. Él me acarició la mejilla y me atrajo hacia si. Las lágrimas me saltaron solas sin que pudiese controlarlas. Tampoco me importaba. No me avergonzaba de la emoción que sentía. Me subió en sus pies y me beso con delicadeza y lentitud. El viento revolvía los cabellos de ambos y no se distinguía donde terminaban los míos y donde los de él. Y consiguió que el instante se hiciese eterno.

Nueva York, Otoño 2013





6 comentarios:

  1. me has enamorado con este escrito... he podido imaginarlo tan nítido y real, adoro cuando alguien es capaz de hacerme sentir así. la gran duda que tengo, ¿es real? ¿el escrito es tu historia?
    en ese entonces me siento igual, parezco fácil de ignorar, la gente no suele escucharme al hablar, no suelen fijarse en mí (al menos para algo bueno), y sin embargo siento que siempre tengo ojos encima y eso me hace sentir tan pequeña ante los demás. siento que me miran cada dos por tres porque me juzgan, critican, se ríen de mí, etc. ojalá llegue tu día en el que no te sientas pequeña jamás

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  2. ¡Qué bien escribes! Engancha desde el principio!

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  3. Holaa!!! ^^
    ¡Muchísimas gracias por pasare por mi blog y quedarte!
    Ya te sigo yo también, tanto en el blog como en twitter. :D

    Nos leemos.
    ¡Un beso! ;)
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  4. Hola!!decirte que nos encanta tu blog!aquí te dejamos el enlace al nuestro para que nos hagas una visita ^^.

    Muchos bss

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  5. Preciosa foto.

    Te espero con nueva entrada. http://escribiendomilhistorias.blogspot.com.es/

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  6. ¡¡Preeemiooo en mi bloog!!
    Y acabo de subir una entrada de una reseña, es mi primera reseña así que me gustaría saber qué te parece...

    Un beso! ;)
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    Nos leemos.

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