ʆʊɳɋɫɨɔɵʂ

sábado, 17 de mayo de 2014

Reflexión XXVIII: El arma de doble filo

Cuando comencé a tener pensamientos negativos, no era en absoluto consciente de lo que aquello suponía. No entendía que aquellos pensamientos eran la semilla de algo mucho mas grande, peor y temible. Pero era joven y no lo sabía. Para mí la vida que llevaba era normal. Para mí tener pensamientos pesimistas era algo corriente, pues no conocía otra cosa. Nadie me explicó que es muy importante saber educar a nuestra mente a ser selectiva. Obligarla a serlo, obligarla a deshechar malos pensamientos y a crear pensamientos optimistas. Todo ello lo descubriría mucho mas adelante.

Acostumbrada a pensar de esta manera tan autodestructiva, se hizo parte de mi ser, yo era ya así. Pesimista. Sin ilusión y desesperada. Algo incomprensible en alguien tan joven, que nunca había sufrido mayores desgracias que cualquier otro. Pero la mente es un arma poderosa -tanto de protección como de ataque, según como se use- y me hacía sentir inmerecedora de la felicidad, inmerecedora de amigos, de amor... ¿Por qué? No puedo explicarlo, simplemente lo sentía. El hecho de nunca haber tenido muchas amistades, y haber estado muy sola desde niña, apoyaban estos pensamientos; nunca había tenido amigos, y nunca los tendría; nada cambiaría, todo seguiría igual para mí, la gente seguiría adelante, y yo me quedaría estancada, como neumáticos en el barro.
La mente es algo que no hay que subestimar, pues es el mayor arma que tendrás, que te acompañará siempre, que te hará despertarte por las mañanas, te hará disfrutar de la comida, de la música, todo. Te hará hablar, te hará gritar, te hará hacerte valer, en los momentos duros te hará fuerte. Pero en ocasiones se puede volver contra uno con un filo mucho mas letal de lo esperado.

Siempre estuve conforme con lo que sentía, no me lo cuestionaba. Tenía lo que merecía, ni amigos ni amor.
Pero crecí, mis necesidades no eran las mismas, mi madurez no era la misma, y mi visión de la vida era mucho mayor. Llegó un momento en el que me vi abrumada por mis pensamientos -que creía controlar- y me vi incapaz de cambiar. Mi mente automáticamente me hacía pensar lo peor, me hacía tener pensamientos oscuros, de una manera magnética e inevitable. Por desgracia la mente no se esquiva, está ahí y por mucho que no quieras verlo, lo ves.
Me encontré inmersa en una espiral en la que me ahogaba, la ansiedad me podía, la presión de mis pensamientos me ahogaba. Vivía con ello y nunca lo vi del todo extraño. Creía que todos teníamos esos pensamientos, simplemente los demás eran mas fuertes para reprimirlos. Pensaba que mi "filtro mental" era débil, pensé que yo era débil. Pero no, yo estaba enferma. Y digo estaba, porque ya no lo estoy. No me considero enferma porque he mejorado muchísimo. Ahora soy consciente de mis pensamientos e intento esforzarme en reprimirlos, a veces sin resultado... pero el camino no siempre es largo, y ahora no lo recorro sola.


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